El segundo sutra dice: 

Cuando en el abrazo se agiten tus sentidos —cual hojas de un árbol—, adéntrate en ese estremecimiento. 


Mientras abrazas, en profunda comunión con tu amada o con tu amado, cuando se agitan tus sentidos —cual hojas de un árbol—, adéntrate en ese estremecimiento.

Cuando hacemos el amor tenemos miedo… no permitimos que nuestro cuerpo se mueva libremente, porque si se lo permitimos, el acto sexual se extiende por todo el cuerpo. Cuando se localiza en los órganos sexuales, puedes controlarlo; la mente puede controlarse; pero cuando se expande por todo el cuerpo, ya no puedes. Quizá te alteres, empieces a gritar… y una vez el cuerpo se adueña de ti, no puedes controlarlo.

Reprimimos los movimientos. Especialmente se reprimen, en todo el mundo, los movimientos espontáneos de la mujer; su cuerpo permanece inmóvil mientras tú le haces algo; ella no te hace nada. Son solamente compañeras pasivas. ¿A qué se debe? ¿Por qué se ha reprimido a la mujer de esta forma en todo el mundo?

“Cuando hacemos el amor tenemos miedo… no permitimos que nuestro cuerpo se mueva libremente, porque si se lo permitimos, el acto sexual se extiende por todo el cuerpo.”

Por miedo, ya que si la mujer se deja poseer por su cuerpo, es muy difícil para el hombre poder satisfacerla; porque la mujer puede tener orgasmos múltiples y el hombre no. Hay muchos casos de orgasmos múltiples; cualquier mujer puede tener tres orgasmos seguidos, mientras que el hombre sólo puede tener uno. Y con el orgasmo del hombre, la mujer se excita y está lista para otro orgasmo… Entonces surge la dificultad. ¿Cómo hacerlo?

Por eso, entre el ochenta y el noventa por ciento de las mujeres nunca han experimentado el orgasmo. Pueden dar a luz; eso es otra cosa. Pueden satisfacer al hombre —eso también es otra cosa—, pero ellas nunca se satisfacen. Por eso, si ves tanta amargura en el mundo —tristeza, aflicción, frustración— es natural; su necesidad básica no se satisface.

Experimentar movimientos espontáneos es maravilloso; porque cuando esto ocurre la energía empieza a fluir por todo tu cuerpo.

Experimentar movimientos espontáneos es maravilloso; porque cuando esto ocurre la energía empieza a fluir por todo tu cuerpo. Repercute en todas las células del cuerpo. Cada una de ellas se reaviva; porque todas las células son sexuales.

Cuando naciste, dos células se unieron y se creó tu ser, tu cuerpo. Esas dos células sexuales están presentes en todo tu cuerpo; se han multiplicado una y otra vez, pero tu unidad básica sigue siendo la célula sexual. Cuando mueves todo tu cuerpo, no es solamente un encuentro entre tú y tu amante; vuestros cuerpos también se encuentran, cada célula se funde con la opuesta. Las sacudidas son una consecuencia de ello. Parece animal, pero el hombre es un animal, y no hay nada malo en ello.

El segundo sutra dice:

Cuando en el abrazo se agiten tus sentidos —cual hojas de un árbol—, adéntrate en ese estremecimiento. 

Sopla un fuerte viento y el árbol se agita, incluso las raíces se estremecen; cada hoja se agita. ¡Sé como un árbol! Sopla un fuerte viento…; el sexo es un viento poderoso, una energía fluyendo a través de ti. ¡Estremécete! ¡Vibra! Deja que cada célula de tu cuerpo dance. Así debería ser para ambos. Tu amante también está danzando, cada célula vibrando; sólo entonces os fundiréis. Y ese encuentro no será mental, será una fusión de vuestras bioenergías.

Sopla un fuerte viento y el árbol se agita, incluso las raíces se estremecen; cada hoja se agita. ¡Sé como un árbol! Sopla un fuerte viento…; el sexo es un viento poderoso, una energía fluyendo a través de ti. ¡Estremécete! ¡Vibra! Deja que cada célula de tu cuerpo dance.

Adéntrate en este estremecimiento, y cuando te estremezcas no permanezcas separado, no seas un espectador, porque la mente es el espectador. ¡No te alejes! Sé la vibración, vuélvete la vibración; olvídate de todo y vuélvete la vibración. No es tu cuerpo el qué está vibrando, eres tú, todo tu ser. Te has vuelto la propia vibración. Entonces no hay dos cuerpos ni dos mentes. Al principio había dos energías vibrando… al final, solamente un círculo, no dos.

¿Qué ocurrirá en este círculo? Serás parte de una energía existencial —no una mente social, sino una energía existencial. Serás una parte de la totalidad, del cosmos; en ese vibrar formarás parte de la totalidad del cosmos. Es un momento de inmensa creación: os disolvéis como cuerpos sólidos; os volvéis líquidos, fluyendo el uno en el otro. La mente ha desaparecido. La división ha desaparecido: sois una unidad.

¿Qué ocurrirá en este círculo? Serás parte de una energía existencial —no una mente social, sino una energía existencial. Serás una parte de la totalidad, del cosmos; en ese vibrar formarás parte de la totalidad del cosmos.

Esto es adwaita: «no-dualidad». Y si no puedes sentir esta no-dualidad, todas tus filosofías no-dualistas son fútiles; son solamente palabras. Una vez hayas conocido un instante existencial no-dualístico, podrás a entender Los Upanishads, sólo entonces podrás entender a los místicos cuando hablan de la unidad cósmica, de la totalidad. Entonces dejas de estar separado del mundo, de ser un extraño en él y la existencia se vuelve tu hogar.

Y con esa sensación de «ahora la existencia es mi hogar», todas las preocupaciones desaparecen; ya no hay angustia, lucha ni conflicto. Lao Tse lo llama Tao, Shankara lo llama ad- waita, puedes elegir tu propia palabra… Y podrás sentirlo en un profundo abrazo amoroso. ¡Vive, vibra, vuélvete la vibración!

Osho.

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