Cada vez más conozco mujeres y parejas con sexualidades muertas. Falta de deseo. Astio al pensar en un encuentro sexual. Cansancio, falta de tiempo.

FALTA DE REGISTRO DEL OTRO, de sus tiempos y deseos. Egoísmo. Necesidad de descarga. Los encuentros sexuales son más bien masturbaciones compartidas que encuentros nutricios para recargarse de energía e integrarse.

Hombres que insisten a toda costa y penetran vulvas y vaginas tensas de enojo en cuerpos tiesos esperando que momento termine. Mujeres hartas de hacer la gauchada que fantasean con momentos de mimos y cuidado.

Y ahí aparece la pornografía, colándose cotidianamente en los celulares de los hombres, quienes reciben decenas de videos, fotos y memes por día misóginos y machistas.
Sexo violento, posiciones absurdas, cosificación, gemidos falsos, mete y saca puro con tal rapidez que es imposible relajarse y ablandarse para lograr un orgasmo uterino sano.

Nada más alejado el deseo sexual femenino. Lo peor? Que reproducen eso que ven con sus compañeras.

Además, los videos no duran 1hs sino 1 minuto, la instantaneidad hace que la búsqueda sea de “rapiditos”, descargar tensión sexual y listo. Pues claro, haber estado viendo contenido pornográfico 24/7 los toma por completo.

Resultado: mujeres que rechazan a sus compañeros, encuentros deshabitados, incapacidad para sostener la erección, eyaculación precoz, carrera hacia el orgasmo que sólo llega a través de la estimulación manual. Penes violentos, úteros endurecidos.

Hacer el amor es otra cosa. Como adultos debemos tomar responsabilidad sobre nuestra salud sexual. Poner en palabras, respetarse, cuidarse y amarse primero a nosotros mismos para luego desear amar al otro.

Acompañar parejas a sanar su sexualidad es un honor profundo porque así, sanando la energía de amor genuina creadora, se sana el mundo entero.

Ocupate de tu sexualidad sagrada.

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