Una persona tántrica implica básicamente una rebelión con respecto a todas las estructuras, de aquí la dificultad de definirlo; es una forma de vivir inestructuradamente.

La persona tántrica tiene un carácter sin carácter. Al decir “sin carácter” quiero decir que ya no depende del pasado. El carácter significa el pasado, la forma en la que has vivido en el pasado, la forma de vivir a la que te has habituado ­ todos tus hábitos y condicionamientos, creencias y experiencias, eso es tu carácter. Una persona tántrica es alguien que ya no vive del pasado o mediante el pasado, sino alguien que vive en el momento; en consecuencia, es impredecible. Un hombre con carácter es predecible; en cambio una persona tántrica es impredecible porque es libre, es libertad; es una rebelión viviente. Cuando te haces una persona tántrica te inicio en la libertad y en nada más.

Es una gran responsabilidad ser libre, porque entonces no tienes nada en lo que apoyarte excepto en tu propio ser interno, tu propia consciencia.

Una persona tántrica implica básicamente una rebelión con respecto a todas las estructuras, de aquí la dificultad de definirlo; es una forma de vivir inestructuradamente.

La persona tántrica no tiene carácter. No tiene moral; no es inmoral, es amoral. O, tiene una moral más elevada que nunca viene del exterior, sino de dentro.

No permite ninguna imposición del exterior, porque todas las imposiciones del exterior los convierten en siervos, en esclavos.

Y mi esfuerzo es daros dignidad, gloria. Mi esfuerzo aquí es daros esplendor. Todos los demás esfuerzos han fracasado. Era inevitable, porque el fracaso estaba dentro de ellos. Todos ellos estaban orientados hacia las estructuras, y cualquier tipo de estructura se vuelve pesada en el corazón del hombre, tarde o temprano. Toda estructura se convierte en prisión, y un día u otro tendrás que rebelarte contra ella. ¿No lo has observado a lo largo de la historia? Toda revolución se vuelve a su vez represiva. Ha sucedido en Rusia, ha sucedido en China. Después de cada revolución, los revolucionarios se vuelven anti-revolucionarios. Una vez que llegan al poder, tienen sus propias estructuras para imponerlas a la sociedad. Y una vez que empiezan a imponer sus estructuras, la esclavitud cambia para convertirse en un nuevo tipo de esclavitud, pero nunca en libertad. Todas las revoluciones han fracasado. Queremos individuos en el mundo, moviéndose libremente, moviéndose conscientemente, por supuesto. Y su responsabilidad llega a través de su propia consciencia.

Todas las revoluciones han fracasado. Queremos individuos en el mundo, moviéndose libremente, moviéndose conscientemente, por supuesto. Y su responsabilidad llega a través de su propia consciencia.

Una persona tántrica es alguien que se interesa por sí mismo, y naturalmente se interesa por todos los demás ­porque no puedes ser feliz solo. Sólo puedes ser feliz en un mundo feliz, en un ambiente feliz. Si todo el mundo está gimiendo y llorando y es infeliz, es dificilísimo que seas feliz. Pero este interés no tiene su causa en ningún dogma. Existe a causa del amor. Y naturalmente, el amor primero es el amor hacia ti mismo. Luego los otros amores le siguen.

Cada persona tántrica será una persona totalmente única. No estoy interesado en la sociedad. No estoy interesado en la colectividad. Mi interés es absolutamente en el individuo, ¡en ti! Y la meditación puede triunfar donde la mente ha fracasado, porque la meditación es una revolución radical en tu ser ­no la revolución que cambia el gobierno, no la revolución que cambia la economía, sino la revolución que cambia tu consciencia, que te transforma desde la neosfera a la cristosfera, que te cambia de ser una persona dormida a ser una llama despierta. Y cuando estás despierto, todo lo que haces es bueno. Esa es mi definición de “bueno” y “virtud”; la acción de una persona despierta es virtud, y la acción de una persona no despierta es pecado. No hay otra definición de “pecado” y “virtud”. Depende de la persona y ­su consciencia, la cualidad que ella transfiere al acto. Así que a veces sucede que un mismo acto puede ser virtuoso o pecaminoso. Los actos pueden ser aparentemente iguales, pero las personas que hay detrás de los actos pueden ser diferentes.

Por ejemplo, Jesús entró en el templo de Jerusalén con un látigo en la mano para echar a los cambistas. Puso patas arriba sus tenderetes de cambio de moneda. Solo, sin ayuda, echó a todos los cambistas del templo. Parece muy violento ­Jesús con un látigo echando a la gente fuera del templo. Pero no era violento. Lenin haciendo lo mismo sería violento, y el acto sería pecaminoso. Jesús haciendo el mismo acto es virtuoso. Actúa por amor; se toma interés, de su conexión, de su amor, de su consciencia. Está actuando drásticamente porque solo eso les dará una sacudida y creará una situación en la que sea posible algún cambio. El acto puede ser el mismo, pero si la persona está despierta, la naturaleza del acto cambia.
Una persona tántrica es una persona que vive cada vez más en un estado de alerta. Y cuantas más personas haya existiendo completamente conscientes, mejor será el mundo que se creará. La civilización no ha sucedido aún.

Cada persona tántrica será una persona totalmente única. No estoy interesado en la sociedad. No estoy interesado en la colectividad. Mi interés es absolutamente en el individuo, ¡en ti!

Cuentan que alguien le preguntó al Príncipe de Gales, “¿Qué piensa de la civilización?” Y dicen que el Príncipe contestó: “Es una buena idea, se necesita que alguien la lleve a cabo. Aún no ha sucedido”. La persona tántrica es sólo un comienzo; es la semilla de un mundo totalmente diferente en el que las personas son libres para ser ellas mismas, en el que las personas no se sienten constreñidas, lisiadas, paralizadas, en el que las personas no están reprimidas, forzadas a sentirse culpables, en el que se acepta la alegría, en el que el buen humor es la norma, en el que la seriedad ha desaparecido, en el que ha entrado una sinceridad sin seriedad, un espíritu de juego.

Estas pueden ser las indicaciones sobre las cualidades de una persona tántrica:


Primero: UNA APERTURA A LA EXPERIENCIA

La gente ordinaria está cerrada; no están abiertos a experimentar. Antes de experimentar cualquier cosa ya tienen prejuicios sobre ella. No quieren experimentar, no quieren explorar. ¡Esto es una solemne tontería! Llega un hombre y quiere meditar y si le digo que vaya y baile, me dice: “¿Que conseguiré bailando? ¿Cómo puede surgir la meditación del baile?”. Le pregunto: “¿Has bailado alguna vez?”. Y dice: “No, nunca”. Esa es una mente cerrada. Una mente abierta sin ningún prejuicio diría, “Muy bien, lo haré y veré. Quizá pueda suceder bailando”. Pero ese hombre que dice: “¿Cómo puede suceder la meditación bailando?” ­incluso si se le persuade para que medite, llevará esa idea en la cabeza: “¿Cómo puede surgir la meditación del baile?”. Y la meditación no sucederá en él. Y si no sucede, su viejo prejuicio saldrá fortalecido. Pero la meditación no ha sucedido a causa del prejuicio. Este es el circulo vicioso de la mente cerrada. Ese hombre viene lleno de ideas, viene con ideas prefabricadas. No está abierto a nuevos hechos. El mundo sigue cambiando y la mente cerrada permanece estancada en el pasado. Y el mundo sigue cambiando, y algo nuevo desciende al mundo a cada momento. Dios sigue pintando el mundo continuamente, una y otra vez, y vosotros seguís llevando en vuestras cabezas ideologías viejas, muertas.


Así que la primera característica de una persona tántrica es la apertura a la experiencia. Nunca decidirá antes de haber experimentado. No tendrá ningún sistema de creencias, no dirá: “Esto es así porque lo dice Buda”. No dirá: “Esto es así porque está escrito en los Vedas”. Dirá: “estoy dispuesto a entrar en ello y ver si es así o no”. El mensaje de despedida de Buda a sus discípulos – y había estado repitiéndolo durante toda su vida- fue éste:
”Recordad, no creáis nada porque yo lo haya dicho. Nunca creáis nada a no ser que lo hayáis experimentado”.


Una persona tántrica no llevará creencias consigo; sólo llevará sus propias experiencias. Y la belleza de la experiencia es que siempre está abierta, porque es posible seguir adelante con la exploración. Y la creencia siempre está cerrada, llega a un tope. La creencia siempre está terminada. La experiencia nunca está terminada, permanece inacabada. Mientras estés vivo, ¿cómo puede estar terminada tu experiencia? Tu experiencia crece, cambia, se mueve. Se mueve continuamente desde lo conocido a lo desconocido, y desde lo desconocido hacia lo incognoscible. Y recuerda, la experiencia tiene belleza porque está sin acabar. Entre las canciones más bellas se encuentran aquellas que están inacabadas. Entre los mejores libros están aquellos que están sin acabar.


Entre las mejores músicas se encuentran las que no están acabadas. Lo inacabado tiene belleza. La experiencia siempre permanece abierta, ­eso significa inacabada. La creencia siempre está completa y acabada. La primera característica es la apertura a la experiencia. La mente son todas tus creencias reunidas.


Apertura significa no-mente; apertura significa que pones tu mente a un lado y estás listo para mirar la vida una y otra vez de forma nueva, no con los viejos ojos. La mente continúa dándote ideas: “Mira a través de esto”.


Pero entonces la cosa se colorea; entonces no la miras, entonces proyectas una idea sobre ella. Entonces la verdad se convierte en una pantalla en la que tú vas proyectando. No mires a través de la mente, mira a través de la nada. Cuando miras a través de la no-mente, tu percepción es eficiente, porque entonces ves lo que es. Y la verdad libera. Todo lo demás crea esclavitud, sólo la verdad libera. En esos momentos de no-mente, la verdad empieza a filtrarse en ti como la luz. Cuanto más disfrutas esta luz, esta verdad, más valeroso y capaz de abandonar la mente te vuelves. Tarde o temprano llega un día en el que miras y no tienes mente. No buscas nada, simplemente miras. Tu mirada es pura. La persona tántrica está abierta a todo.

La segunda cualidad de la persona tántrica es VIVIR EXISTENCIALMENTE.

Una persona tántrica no vive según ideas: que uno debería ser así, uno debería ser asá, uno debería comportarse de tal forma, uno no debería comportarse de tal forma. No vive según ideas, responde a la existencia. Responde con todo su corazón a cualquier cosa, sea la que sea. Su ser está aquí-ahora. Espontaneidad, sencillez, naturalidad ­éstas son sus características. No vive una vida confeccionada de antemano. No lleva mapas de cómo vivir, cómo no vivir. Permite la vida, va con ella a donde quiera que le lleve. Una persona tántrica no es nadadora, y no intenta ir contra la corriente. Fluye tan totalmente con la corriente que pronto deja de estar separado de la corriente, se convierte en la corriente, en alguien que ha llegado a relajarse en la existencia. No lleva evaluaciones, no hace juicios.

Vivir existencialmente significa que cada momento tiene que decidirse por sí mismo. ¡La vida es atómica! No decides de antemano cómo vivir, no ensayas, no preparas una forma de vivir. Cada momento llega, trae una situación; estás ahí para responder y ­respondes.

Ordinariamente, la gente vive un tipo de vida muy extraño. Si vas a tener una entrevista, la preparas, piensas: qué me van a preguntar y cómo voy a responder, cómo me voy a sentar, y de qué manera voy a estar de pie. Todo se vuelve falso porque está ensayado. ¿Y qué sucede entonces? Cuando vas con tanto ensayo, nunca estás totalmente allí. Te están preguntando algo y tú estás buscando en tu memoria, porque llevas una respuesta preparada ­si eso será apropiado o no, si eso servirá o no. Sigues perdiéndote el quid de la cuestión. No estás totalmente allí, no puedes estar totalmente allí, estás centrado en la memoria. Y entonces sucede lo siguiente: cuando sales empiezas a pensar que deberías haber respondido de tal o cual forma. A eso se le llama “ingenio de escalera”: cuando estás bajando la escalera empiezas a pensar: “Debí haber respondido esto, debí haber dicho esto”, te vuelves muy sabio de nuevo. Eres sabio antes, eres sabio después. En el medio, es otra cosa. Y en el medio está la vida. La existencia está ahí.

La tercera cualidad de una persona tántrica es la CONFIANZA EN EL PROPIO ORGANISMO.

La gente confía en otros, la persona tántrica confía en su propio organismo. Cuerpo, mente, alma, todo está incluido. Si siente ganas de amar, fluye en el amor. Si no siente ganas de amar dice “Lo siento”, pero nunca finge. El que no es una persona tántrica sigue fingiendo. Su vida es una vida vivida con máscaras. Llega a casa, abraza a su mujer, y no quiere abrazarla. Y dice “Te quiero”, pero esas palabras suenan muy falsas porque no vienen del corazón. Vienen de Dale Carnegie. Ha estado leyendo “Cómo Ganar Amigos e Influenciar a la Gente” y ese tipo de tonterías. Y está lleno de esas tonterías, y carga con ellas y las practica. Toda su vida se vuelve falsa,una seudo-vida, una parodia. Y nunca está satisfecho, naturalmente no puede estarlo, porque la satisfacción solo llega con una vida auténtica. Si no te sientes amoroso, tienes que decirlo. No hay necesidad de fingir. Si te sientes enfadado, tienes que decirlo. Tienes que ser fiel a tu organismo, tienes que confiar en tu organismo. Y te sorprenderás: cuanto más confías, mucho más clara se te hace la sabiduría del organismo. Tu cuerpo tiene su propia sabiduría, ­lleva la sabiduría de siglos en sus células. Tu cuerpo tiene hambre y tu estás haciendo ayuno, porque tu religión dice que ese día tienes que ayunar, y tu cuerpo siente hambre. No confías en tu organismo, confías en una escritura muerta. Haces ayuno porque alguien ha escrito en algún libro que ese día tienes que ayunar. Escucha a tu cuerpo. Sí, habrá días en los que tu cuerpo diga “¡Has un ayuno!” ­entonces hazlo. Pero no hay necesidad de escuchar a las escrituras. El hombre que escribió esa escritura no te tenía en mente, en absoluto. No pudo pensar en ti. No te tenía presente, no estaba escribiendo sobre ti. Es como si te pones enfermo y vas a la casa de un médico muerto y buscas entre sus recetas; encuentras una, y empiezas a seguirla. Esa receta fue hecha para otra persona, otra enfermedad, en otra situación. Acuérdate de confiar en tu propio organismo. Cuando sientas que el cuerpo está diciendo que no comas, ¡para inmediatamente! Cuando el cuerpo diga que comas, entonces no te importe si las escrituras dicen que ayunes o no. Si tu cuerpo te dice que comas tres veces al día, perfectamente bien. Si dice que comas una vez al día, perfectamente bien.


Comienza a aprender a escuchar a tu cuerpo, porque es tu cuerpo. Estás en él, tienes que respetarlo. Y tienes que confiar en él. Es tu templo; es sacrílego imponer cosas al cuerpo. ¡Nada debería ser impuesto por ningún motivo! Y esto no solo te enseñará a confiar en tu cuerpo, esto te irá enseñando a confiar en la existencia ­porque tu cuerpo es parte de la existencia. Entonces tu confianza crecerá, y confiarás en los árboles y en las estrellas y en la luna y en el sol y en los océanos; confiarás en la gente. Pero el principio de la confianza tiene que ser en tu propio organismo. Confía en tu corazón.


Alguien ha hecho una pregunta: ha decidido vivir con su esposa porque piensa que vivir con la propia esposa y no dejarla nunca, no separarse nunca, y no hacer nunca el amor con otra mujer, es una cualidad espiritual. Quizás lo sea para unos, quizás no lo sea para otros. Depende. Pero el que pregunta dice: “He decidido esto, pero tengo problemas. Me siento atraído por otras mujeres y me siento culpable. Y no me siento atraído por mi esposa, ­también entonces me siento culpable. Y no quiero hacer el amor con mi esposa porque no surge el deseo. Pero tengo que hacer el amor con mi esposa para satisfacerla. Si hago el amor con ella, entonces me siento culpable con respecto a mí mismo, por no ser sincero conmigo mismo. Así que es el cuento de nunca acabar”. Cuando no quieres hacer el amor, entonces el amor es la cosa más fea del mundo. Sólo lo más bello puede ser lo más feo. El amor es una de las más bellas experiencias, pero sólo cuando fluyes en él, cuando es espontáneo, cuando es apasionado, cuando estás lleno de él, dominado por él, poseído por él, borracho de él, absorto en él, ­sólo entonces. Entonces te lleva a la más alta cima de la alegría. Pero si no estás poseído por él y no sientes ningún amor por tu esposa o por tu marido, y estás haciéndolo… entones la expresión inglesa da en el clavo, es correcta: haciendo el amor. Entonces estás haciéndolo, no está sucediendo. Eso es feo, es prostitución. No importa con quién estés haciéndolo; es prostitución. Es criminal. Y eso no te hará espiritual de ningún modo. Tan solo te volverás un reprimido sexual, nada más. Si haces el amor te sentirás culpable, si no haces el amor te sentirás culpable. Pero este hombre tiene ideas acerca de cómo deberían ser un marido y una mujer. Y la esposa también debe estar sufriendo. Los dos están atados, aburridos el uno del otro, cada uno quiere deshacerse del otro pero no pueden hacerlo porque no confían en su organismo.


Si tu organismo dice: “Estad juntos, creced juntos, fluid juntos”; si tu organismo se siente feliz y entusiasmado y excitado y hay éxtasis, ve con la mujer una vida, dos vidas, tres vidas, todas las vidas que queráis. Estad juntos y os acercaréis más y más a Dios. Y vuestra intimidad tendrá un carácter espiritual. Pero este tipo de intimidad, no. Una intimidad forzada te irá haciendo menos y menos espiritual, y naturalmente tu mente empezará a buscar caminos: tu mente estará más y más obsesionada con el sexo. ¿Y cómo puedes crecer espiritualmente cuando hay demasiada obsesión?… Escucha al organismo, y ten suficiente coraje para hacer lo que tu organismo te dice. Y no estoy diciendo que te separes de tu esposa. Pero si eso tiene que llegar, llegará. Y será bueno para los dos. Eso al menos le debes a tu esposa. Si tienes un mínimo interés por tu esposa y ya no la amas, entonces tienes que decírselo. Con profunda tristeza… la despedida será triste, ¿pero qué se puede hacer? Estás desamparado. No te irás enfadado, no te irás con rencores ni quejas. Te irás con un inmenso desamparo en tu corazón. Querías estar con ella, pero tu organismo dice que no. ¿Qué puedes hacer? Puedes forzar a tu organismo, y el organismo puede ir y continuar con la relación, pero no habrá alegría. Y sin alegría ¿cómo puedes tener una relación? Entonces el matrimonio es falso; es legal, pero falso.


Una persona tántrica es alguien que confía en su propio organismo, y esa confianza le ayuda a relajarse en su ser, y le ayuda a relajarse en la totalidad de la existencia. Esa confianza trae consigo una aceptación general de uno mismo y de los demás. Te permite estar enraizado, centrado. Y entonces hay una gran fuerza y poder, porque estás centrado en tu propio cuerpo, en tu propio ser. Tienes raíces en el suelo. De lo contrario ves a la gente desarraigada, como árboles que han sido arrancados del suelo. Se están muriendo, no viven. Por eso no hay mucha alegría en la vida. No ves la cualidad de la risa; falta la celebración. E incluso si la gente celebra, también eso es falso. Por ejemplo, es el cumpleaños de Krishna y la gente lo celebra. ¿Cómo puedes celebrar el cumpleaños de Jesucristo? Es imposible. No has celebrado al Dios que ha venido a ti, que está dentro de ti. ¿Cómo puedes celebrar el que algún otro Dios haya nacido en un establo hace dos mil años? En tu propio cuerpo, en tu propio ser, en este mismo momento está Dios y no lo has celebrado. No puedes celebrar. La celebración tiene que ser primero en tu propia casa, muy cerca. Entonces se convierte en una gran marejada y se expande por toda la existencia.

La cuarta cualidad es un SENTIDO DE LIBERTAD.

Una persona tántrica no es sólo libre, es libertad. Siempre vive de forma libre. Libertad no significa libertinaje. El libertinaje no es libertad, el libertinaje es sólo una reacción contra la esclavitud; te vas al otro extremo. La libertad no es el otro extremo, no es una reacción. La libertad es esta comprensión: “Si tengo que ser, entonces tengo que ser libre. No hay otra forma de ser. Si estoy demasiado poseído por la iglesia, por el hinduismo, por el cristianismo, por el islam, entonces no puedo ser. Entonces esto seguirá creando esclavitud en torno a mí. Seguirá forzándome a sentirme como un ser tullido. Tengo que ser libre. Tengo que asumir el riesgo de ser libre. Tengo que aceptar ese peligro”.


La libertad no es muy cómoda, no es muy confortable. Es arriesgada. Una persona tántrica asume ese riesgo. Eso no significa que vaya luchando con todos y cada uno. No significa que cuando la ley diga que conduzcas por la derecha o por la izquierda, él esté en contra de eso, no. No está interesado en trivialidades. Si la ley dice que conduzcas por la izquierda, él conduce por la izquierda ­porque eso no es esclavitud. Pero acerca de las cosas importantes, esenciales… Si el padre dice: “Cásate con esta mujer porque es rica y tendremos mucho dinero”, él dirá: “No. ¿Cómo voy a casarme con esa mujer si no estoy enamorado de ella? Eso no sería respetuoso para con la mujer”. Si el padre dice: “Ve a la iglesia todos los domingos porque has nacido en un hogar cristiano”, dirá: “Iré a la iglesia si lo siento, no iré porque tú me lo digas”. El nacimiento, en este caso, es accidental; no tiene mucha importancia. No estoy diciendo que no vayan a la iglesia, sino que vayáis sólo cuando haya surgido el deseo de hacerlo. Entonces será una comunión. De lo contrario, no hay necesidad de ir.


La persona tántrica siempre mantendrá intacta su libertad en lo que respecta a cosas esenciales. Y como respeta su propia libertad, respetará también la libertad de los demás. Nunca interferirá en la libertad de nadie, quien quiera que sea el otro. Si tu esposa se ha enamorado de alguien te sientes herido; lloras lágrimas de tristeza, pero ése es tu problema. No le pondrás impedimentos. No dirás: “¡Basta ya, estoy sufriendo!”. Dirás: “Es tu libertad, si yo sufro, es mi problema. Tengo que abordarlo, tengo que enfrentarlo. Si me siento celoso tengo que deshacerme de mis celos. Pero tú sigue a lo tuyo. Aunque eso me hiera, aunque me hubiese gustado que no te fueses con nadie, ése es mi problema. No puedo invadir tu libertad”… El amor respeta tanto que da libertad. Y si el amor no está dando libertad no es amor, es otra cosa.


Una persona tántrica tiene un inmenso respeto por su propia libertad, cuida mucho su propia libertad, y lo mismo hace con la libertad de los demás. Este sentido de libertad le da individualidad. No forma parte de la mente de las masas. Es de cierta forma único ­su modo de vida, su estilo, su ambiente, su individualidad. Existe a su manera, ama su propia canción. Tiene un sentido de identidad: sabe quién es, profundiza cada vez más este auto-conocimiento, y nunca transige.


Independencia, rebelión ­recuerda, no revolución sino rebelión- ésa es la naturaleza de la persona tántrica. Y existe una gran diferencia. La revolución no es muy revolucionaria. La revolución también continúa funcionando en la misma estructura. Por ejemplo, en India, durante siglos, a los intocables, la casta más baja, no se les ha permitido entrar en los templos. Los brahmines nunca les han permitido entrar a un templo: “El templo se ensuciará si entran”. Durante siglos no han entrado al templo. Eso es feo. Entonces llegó Mahatma Gandhi, ­lo intentó tenazmente, luchó tenazmente. Quería que se le permitiese a los intocables entrar a los templos; toda su vida fue una lucha por ello. Gandhi es revolucionario pero no rebelde. ¿Por qué revolucionario? ¿Qué es entonces la rebelión?. Alguien preguntó a J. Krishnamurti sobre la lucha de Gandhi para que se permitiese a los intocables entrar en los templos. ¿Y sabéis lo que dijo J. Krishnamurti? Dijo: “Pero si Dios no está en los templos”. Eso es rebelión. El enfoque de Gandhi es revolucionario, pero al igual que los brahmines, cree que Dios está en los templos. La estructura es la misma. El cree que es importantísimo que la gente entre en los templos; si no entran en los templos se perderán a Dios. Esa es la idea del brahmín, ésa es la idea de la sociedad que ha impedido a los intocables entrar en los templos. La idea es la misma: que Dios vive en los templos, que los que consigan entrar en los templos estarán más cerca de Dios, por supuesto. Y a los que no se les permita se lo perderán. Gandhi es revolucionario, pero la revolución cree en la misma estructura. Es una reacción. J. Krishnamurti es rebelde. Dice: “Pero Dios no está en los templos, así que ¿por qué molestarse? Ni los brahmines alcanzan a Dios allí, ni lo conseguirán los intocables. ¿Por qué molestarse? Es estúpido”.


Todas las revoluciones son reaccionarias, reacciones a un cierto patrón. Siempre que reaccionas, tu reacción no tiene mucho de revolución, porque crees en el mismo modelo. Vas en contra de él, por supuesto, pero crees. El substrato profundo es el mismo. Una persona tántrica es rebelde. Lo que quiero decir con rebelión es que su visión es completamente diferente. No funciona con la misma lógica, en la misma estructura, en el mismo modelo. No está en contra del modelo ­porque si estás en contra de cierto modelo tendrás que crear un modelo con el que luchar contra él. Y todos los modelos son parecidos. Una persona tántrica es alguien que simplemente se ha salido. No está en contra del modelo, ha comprendido la estupidez de todos los modelos. Ha examinado la insensatez de todos los modelos y se ha salido. Es un rebelde…

La quinta es la CREATIVIDAD.

La vieja idea de personas tántricas era muy poco creativa. Se pensaba que alguien que se hace una persona tántrica se va a una cueva del Himalaya y se sienta allí, y que eso estaba perfectamente bien. No se necesitaba nada más. Puedes ir a ver los monjes Jainas: están sentados en sus templos, sin hacer nada, ­sin creatividad de ningún tipo, con aspecto insulso y estúpido, sin ninguna llama de inteligencia en absoluto. Y la gente los venera y toca sus pies.


Pregunta “¿Por qué tocáis sus pies?” y te dirán: “Este hombre ha renunciado al mundo” ­como si renunciar al mundo fuese un valor en sí mismo. “¿Qué ha hecho?” y dirán: “Ha ayunado. Ayuna durante meses enteros” ­como si el no comer fuese un valor en sí mismo. Pero no preguntes qué ha pintado, qué belleza ha creado en el mundo, qué poema ha compuesto, qué canción ha traído a la existencia, qué música, qué danza, qué invento.


Mi concepción de una persona tántrica es que su energía tiene que ser creativa, que tiene que traer un poco más de belleza al mundo, que tiene que traer un poco más de alegría al mundo, que tiene que encontrar nuevas formas de danzar, de cantar, de hacer música, traerá bellos poemas al mundo. Creará algo, será creativo. Los días de las personas tántricas sin creatividad sin creatividad se han terminado. Una persona tántrica sólo puede existir si es creativo. Debería contribuir con algo. Permanecer sin creatividad es casi un pecado, porque existes y no contribuyes. Comes, ocupas espacio, y no contribuyes con nada. Y cuando estás en profunda creatividad estás cerca de Dios. Eso es realmente la oración, eso es la meditación.
Dios es el creador y si vosotros no sois creadores estaréis muy lejos de Dios. Dios solo conoce un lenguaje, el lenguaje de la creatividad. Es por eso que cuando compones música, cuando te pierdes en ello completamente, algo divino empieza a filtrarse y a salir de tu ser. Esa es la alegría de la creatividad, ése es el éxtasis.

La sexta es el SENTIDO DEL HUMOR.

Es la risa, el sentido del juego, la sinceridad no seria. La persona tántrica de antes no reía, estaba muerto, aletargado. La nueva persona tántrica tiene que llevar más y más risa a su ser. Tiene que ser alguien que ríe, porque tu risa es tu relajación, y tu risa puede crear situaciones en las que otros también se relajen. El templo debería estar lleno de risa y danza. No deberías ser como una iglesia cristiana. La iglesia es como un cementerio. Y con la cruz allí parece casi una adoración a la muerte… un poco morboso. No puedes reírte en una iglesia. No estaría permitida una carcajada; la gente pensaría que estás loco o algo así. Cuando la gente entra en una iglesia se pone seria, rígida, con la cara larga. Para mí, la risa es una cualidad religiosa, muy esencial. Tiene que formar parte del mundo interno de una persona tántrica: el sentido del humor.

La séptima es un ESTADO DE MEDITACIÓN.

Un estado de meditación es un estado de soledad; es la cima de las experiencias místicas que sucede cuando estás solo, cuando estás absolutamente solo dentro de ti mismo. La persona aislada puede estar sola; no aislada sino sola; no solitaria, sino con una cierta soledad. Puedes ser feliz solo, ya no dependes de los demás. Puedes sentarte solo en tu habitación y puedes ser absolutamente feliz. No necesitas ir a un club, no necesitas tener siempre amigos a tu alrededor, no necesitas ir al cine. Puedes cerrar los ojos y entrar en la felicidad interna: eso es el estado meditativo.

La octava es EL AMOR, la conexión, la relación.

Recuerda sólo puedes relacionarte cuando has aprendido a estar solo, nunca antes. Sólo dos individuos pueden relacionarse. Sólo dos libertades pueden acercarse y abrazarse. Sólo dos “nadas” pueden penetrarse y fundirse… Si no eres capaz de estar solo, tu relación es falsa. Es sólo un truco para evitar tu soledad, nada más. Y eso es lo que hacen millones de personas. Su amor no es otra cosa que su incapacidad de estar solos. Así que necesitan a alguien para ir por ahí, necesitan alguien a quien agarrarse, necesitan alguien en quien apoyarse. Y los otros también están utilizándolos de la misma forma, porque el otro tampoco puede estar solo, es incapaz. El otro también te utiliza como un instrumento para escaparse de sí mismo. De forma que dos personas de las que vosotros decís que están enamoradas, más o menos se odian a sí mismas. A causa de ese odio se escapan. El otro les ayuda a escapar, así que dependen del otro, se vuelven adictas al otro. No puedes vivir sin tu esposa, no puedes vivir sin tu marido porque eres un adicto. Pero una persona tántrica es uno… Por eso digo que la séptima característica es la soledad, y la octava característica es el amor-relación. Y estas son las dos posibilidades: puedes ser feliz solo y también podéis ser felices juntos. Estos son los dos tipos de éxtasis posibles para la humanidad. Puedes entrar en samadhi* estando solo y puedes entrar en samadhi cuando estás junto a alguien, en profundo amor.
* [Estado de plenitud y Divina conexión con el Todo. Se le llama samadhi al estado de iluminación en el que hay total consciencia del ser, en el que no se necesita nada más que ser. En el que todo es perfecto.]Y hay dos tipos de personas: los extravertidos encontrarán más fácil alcanzar su cima a través del otro, y los introvertidos encontrarán más fácil alcanzar su cima más alta estando solos. Pero un camino no es antagonista del otro; ambos pueden ir juntos. Uno será más fuerte, y ese será el factor decisivo para saber si eres extrovertido o introvertido. El sendero de Buda es el sendero del introvertido; él sólo habla de la meditación. El sendero de Jesús es extrovertido; trata del amor.


Las nuevas personas tántricas tienen que ser una síntesis de ambos. Habrá un énfasis. Alguien estará más claramente en armonía consigo mismo que con los demás, y a alguien le sucederá lo contrario ­estará más en armonía con otra persona. Pero no hay necesidad de quedarse enganchado a un tipo de experiencia. Ambas experiencias pueden estar al alcance.

Y la novena es la TRASCENDENCIA.

Tao, no-ego, no-mente, ser nadie, ser nada, en armonía con la totalidad. La trascendencia es la cualidad última y más elevada de una persona tántrica.

Pero éstas son sólo indicaciones, no definiciones.
Tómalas de forma muy líquida. No vayas a tomarte lo que he dicho de forma rígida, sino muy líquida, como una especie de visión vaga, con una visión crepuscular- no como cuando hay un cielo a pleno sol. Las cosas entonces están muy definidas. En el crepúsculo, cuando el sol se ha puesto y la noche no ha caído aún, hay las dos cosas, justo en el medio, está el intervalo. Tómate de esa forma cualquier cosa que yo haya dicho.
Permanece líquido, fluido…


Nunca crees ninguna rigidez a tu alrededor. Nunca te vuelvas definible.

Capítulo 10 del libro “The Heart Sutra” (El Sutra del Corazón), Osho

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