El Tantra no enseña sexualidad, simplemente dice que el sexo puede ser una fuente de felicidad. Y una vez conoces esa felicidad, puedes ir más lejos, porque ahora estás asentado en la realidad. No es que uno tenga que permanecer en el sexo indefinidamente, pero éste puede ser utilizado como puente. Y una vez hayas conocido el éxtasis del sexo, podrás entender aquello de lo que los místicos han estado hablando —un orgasmo superior, un orgasmo cósmico.

En la vida del ser humano el acto sexual es el único que te hace sentir la no-dualidad; el único en el que sientes una profunda unidad, desaparecen el pasado y el futuro y sólo el momento presente permanece, el único momento real.

Por eso todos los místicos que realmente han conocido la unidad con lo divino, la unidad con la propia existencia, siempre han utilizado términos y símbolos sexuales para expresar su experiencia. No existe otra simbología; no existe ninguna otra simbología que se le acerque más.

“El Tantra no enseña sexualidad, simplemente dice que el sexo puede ser una fuente de felicidad. Y una vez conoces esa felicidad, puedes ir más lejos, porque ahora estás asentado en la realidad.”

El sexo es solamente el principio, no el fin. Pero si te pierdes el principio, también te perderás el final. Y no puedes evitar el principio para llegar al final.

El Tantra dice: tómate la vida naturalmente; no seas irreal. El sexo está ahí —una posibilidad, un gran potencial. ¡Aprovéchalo! ¿Qué hay de malo en gozarlo? Realmente, toda moral está en contra de la felicidad: cuando alguien es feliz, pensamos que algo debe estar equivocado; cuando alguien está triste, todo es como debería ser. Vivimos en una sociedad neurótica, donde todo el mundo está triste. Cuando estás triste, todo el mundo está contento, porque simpatiza contigo. Cuando eres feliz, todo el mundo se desconcierta: ¿cómo abordarte? Cuando alguien simpatiza contigo, mírale la cara. La cara le resplandece, hay un brillo sutil en su rostro. Está contento de simpatizar. Si estás lleno de gozo, es distinto —tu felicidad creará tristeza en los demás; tu infelicidad crea complacencia. ¡Esto es neurótico! Las bases parecen estar trastornadas.

Cuando afirmo que el Tantra no es moral ni inmoral, quiero decir que es básicamente una ciencia: te ve tal como eres. Esto no quiere decir que el Tantra no intente transformarte, pero te transforma a través de la realidad. Es la diferencia entre la magia y la ciencia, la misma diferencia que hay entre la moral y el Tantra. La magia también trata de transformar cosas con palabras, ignorando la realidad. Un mago puede decir: «Ahora se detendrá la lluvia». No puede detenerla realmente. O tal vez diga: «Ahora empezará a llover». No puede provocarla, solamente puede utilizar palabras.

“Cuando afirmo que el Tantra no es moral ni inmoral, quiero decir que es básicamente una ciencia: te ve tal como eres. Esto no quiere decir que el Tantra no intente transformarte, pero te transforma a través de la realidad.”

La moral es como un mago. Habla acerca del hombre perfecto, sin saber qué es el hombre, la realidad del hombre. El hombre perfecto sigue siendo una ilusión; se utiliza solamente para condenar la realidad del hombre. El hombre nunca es la ilusión.

El Tantra es una ciencia; y dice así: primero conoce la realidad, qué es el hombre. No crees ideales; primero conoce lo que es. No pienses en lo que «debería» ser, simplemente ve lo que es. Y una vez lo conozcas, entonces puedes transformarlo. Ahora conoces el secreto. Por ejemplo, el Tantra dice que no trates de ir en contra del sexo, porque si vas en contra de él para crear el estado de brah- macharya, de celibato, de pureza, es imposible: es sólo magia. Sin conocer qué es la energía sexual, sin conocer de qué está constituido el sexo, sin conocer su realidad profunda, sus secretos, podrás crear un ideal de brahmacharya, ¿pero qué harás? Simplemente reprimirás el sexo. Y la persona que está reprimiendo el sexo es más sexual que aquella que es indulgente, porque a través de la indulgencia se libera la energía, y al reprimirla permanece continuamente en tu organismo.

La persona que reprime el sexo, empieza a verlo en todas partes; todo se vuelve sexual. No es que todo sea sexual, pero lo proyecta. ¡Es una proyección! Su propia energía oculta se proyecta: donde quiera que mire verá sexo. Y debido a que se condena a sí mismo, empezará a condenar a los demás. No encontrarás a ningún moralista que no condene violentamente a los demás; condena a todo el mundo: todo el mundo está equivocado. Eso le hace sentirse bien; su ego se colma. Pero ¿por qué todo el mundo está equivocado? Porque en todas partes ve aquello que él mismo está reprimiendo. Su propia mente se volverá más y más sexual, y cada día tendrá más miedo. El brahmacharya es una perversión, es antinatural.

“La persona que reprime el sexo, empieza a verlo en todas partes; todo se vuelve sexual. No es que todo sea sexual, pero lo proyecta. ¡Es una proyección! Su propia energía oculta se proyecta: donde quiera que mire verá sexo.”

Otra clase de brahmacharya, con una cualidad distinta, le sucede al seguidor del Tantra; pero todo el proceso es diametralmente opuesto. El Tantra primero te enseña cómo vivir el sexo, cómo conocerlo, cómo sentirlo y cómo llegar a lo más profundo de él —al clímax—, cómo encontrar su belleza esencial, la felicidad y la dicha que se oculta en él.

Una vez que has conocido ese secreto puedes trascenderlo. Porque en un profundo orgasmo sexual no es el sexo lo que te da la felicidad, es otra cosa; el sexo es sólo una situación. Otra cosa te está dando la euforia, el éxtasis. Esa otra cosa puede dividirse en tres elementos. Pero cuando hablo y describo esos elementos, no creas que los puedes entender. Tendrán que ser tu propia experiencia. Como conceptos no sirven para nada.

“Una vez que has conocido ese secreto puedes trascenderlo. Porque en un profundo orgasmo sexual no es el sexo lo que te da la felicidad, es otra cosa; el sexo es sólo una situación. Otra cosa te está dando la euforia, el éxtasis.”

Debido a esos tres elementos básicos alcanzas un instante de felicidad. Esos tres elementos son: primero, la ausencia del tiempo. Trasciendes el tiempo; no existe el tiempo. Te olvidas de él; cesa para ti. No es que el tiempo se detenga: se detiene para ti; dejas de ser parte de él. No hay pasado ni futuro. Toda la existencia se concentra en este preciso instante, aquí y ahora. Este momento se vuelve el único momento real. Si puedes hacer de este momento el único momento real, no hay necesidad de sexo; esto sucede a través de la meditación.

Segundo: en el sexo, por primera vez, pierdes el ego —el ego se disuelve. Por eso los egoístas están siempre en contra del sexo, porque en el sexo tienen que perder su ego; dejas de ser, y el otro deja de ser. Tú y tu amante, ambos, os disolvéis en otra cosa. Se crea una realidad nueva, una unidad nueva se hace presente, en la cual los dos se pierden, desaparecen completa- mente. El ego tiene miedo porque dejas de ser. Si en ausencia de sexo puedes trasladarte a ese instante en que dejas de ser, entonces es que no es necesario.

Y tercero: por primera vez eres natural en el sexo. Lo irreal se disuelve; la fachada se disuelve; y la sociedad, la cultura, la civilización también. Eres parte de la naturaleza, como lo son los árboles, los animales, las estrellas. ¡Eres parte de la naturaleza! Eres parte de algo inmenso —el cosmos, el Tao. Estás flotando en él. Ni siquiera puedes nadar en él porque no eres. Simplemente flotas, la corriente te lleva.

Estas tres cosas te dan el éxtasis. El sexo es solamente una situación en la cual todo ello sucede de forma natural. Una vez lo conoces y puedes sentir estos elementos, puedes crearlos in- dependientemente del sexo. Toda meditación es, esencialmente, la experiencia del sexo sin sexo. Pero tendrás que pasar por él. Deberá ser tu propia experiencia, no un concepto ni una idea ni un pensamiento.

“El Tantra no es sexo, es trascendencia. Pero solamente lo puedes trascender a través de la experiencia —la experiencia existencial—, no a través de una ideología.”

El Tantra no es sexo, es trascendencia. Pero solamente lo puedes trascender a través de la experiencia —la experiencia existencial—, no a través de una ideología. Sólo a través del Tantra sucede el brahmacharya. Parece una paradoja, pero no lo es. Solamente a través del propio conocimiento sucede la trascendencia. La ignorancia no puede ayudarte a trascender; sola- mente puede hacerte hipócrita.

Osho.

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